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Según informó el coordinador de Seguridad Comunitaria, José Pellegrini, este miércoles por la tarde, la Comisaría Cuarta recepcionó unas 10 denuncias por llamados telefónicos en los que un desconocido fingía ser el secuestrador de un familiar y, a cambio, exigía dinero y joyas. 

Todos los llamados fueron realizados a teléfonos fijos, de personas adultas, casi todas del radio céntrico firmatense.

Además, habría otras personas que no realizaron la denuncia por lo que se estima que fueron más de 20 llamados  en total.

Por esa razón se alerta a los firmatenses a que sean cautelosos con los llamados recibidos que les sean sospechosos y, en tal caso, comunicarse al 103 o 101 denunciando la situación.

Los secuestros virtuales consisten en llamadas telefónicas realizadas especialmente a teléfonos fijos, en las cuales los delincuentes intentan hacer creer al destinatario del llamado que tienen secuestrado a un familiar o un ser querido, o incluso se hacen pasar por éste o por un amigo, diciendo que ha sido secuestrado y que le exigen dinero para liberarlo.

Como esas llamadas se realizan tarde o noche, e incluso durante la madrugada, quienes los atienden suelen caer en el engaño, pues muchas veces se encuentran durmiendo, sin la lucidez necesaria para darse cuenta de que se trata de un embuste.. En este caso, hacen preguntas y obtienen datos que les sirven para convencer a la persona elegida de que se trata de un hecho real cuando todo es una farsa.

Los expertos aconsejan no brindar por teléfono información que permita identificar a miembros de la familia, supervisar las llamadas que atienden los niños, mantener una vía de comunicación abierta con los familiares y allegados para poder chequear si es verdad lo que se les dice de ellos, solicitar a quien llama la descripción física de la persona supuestamente en una situación de emergencia, realizar la denuncia comunicándose rápidamente con el 101 o 103

La falta de estadísticas impide diagnosticar con precisión la situación y avanzar en la búsqueda de similitudes en la operatoria de los delincuentes, que permitan desbaratar su accionar y someterlos a la Justicia.

El silencio de las víctimas convierte la queja en estéril y favorece la impunidad en la que se mueven los delincuentes. Estamos ante un fenómeno que afecta a muchísimas personas que se sienten extremadamente vulnerables frente a un delito que se reconvierte permanentemente.